En la previa de un partido de alto voltaje, Universidad Católica decidió jugar también fuera de la cancha. El club chileno puso en marcha una fuerte campaña de concientización de cara a su debut en la Copa Libertadores frente a Boca, con el foco puesto en la seguridad y el comportamiento de su hinchada.

La primera medida fue contundente: no habrá venta de entradas al público general. Solo podrán asistir los cerca de 14.000 abonados del club, en una decisión que apunta a reducir riesgos en un contexto sensible. Sin embargo, y por disposición de la CONMEBOL, Universidad Católica debió ceder 2.000 localidades para los hinchas visitantes.

En paralelo, la dirigencia lanzó una campaña bajo el lema “el respeto es titular”. En menos de 24 horas, el club publicó tres comunicados oficiales y difundió un video protagonizado por el futbolista Justo Giani, en el que se refuerza la necesidad de erradicar cualquier tipo de conducta discriminatoria.

El mensaje no es casual. La institución remarcó que actos de racismo, clasismo o xenofobia podrían derivar en sanciones severas, tanto económicas como deportivas. Entre ellas, la posibilidad de que el estadio Claro Arena sea suspendido para futuros encuentros internacionales.

Como antecedente reciente, se recordó el castigo a Universidad de Chile, que debió jugar dos partidos sin público por incidentes protagonizados por sus hinchas. Un escenario que la UC quiere evitar a toda costa.

Así, en una noche que promete intensidad dentro del campo, el club busca que el protagonismo también esté en las tribunas, pero desde otro lugar: el del aliento sin violencia, en un regreso a la Libertadores que pretende ser una fiesta y no un problema.